lunes, 27 de febrero de 2017

HEROÍNAS

HEROÍNAS SIN CABALLO
Para las mujeres, transcurren más días del año en las que sí son agredidas que en los que no. En las décadas de los 80 y 90 del siglo XX la heroína mató a miles de personas. Otra lacra mortífera, provocada por el maltrato machista, se ha instalado en la sociedad del nuevo siglo.

En mis años de prensa tuve que hacer fotos de numerosos sucesos. Muchos de ellos de actos violentos. Muertos en accidentes de tráfico, ahogados, etc. Aunque es duro fotografiar cadáveres. Y, en ocasiones, la huella que queda en el espacio donde ocurre el suceso se configura como una imagen aún más desoladora. Es como un macabro certificado impreso en las superficies, en la atmósfera, en el espacio y con la fotografía en el tiempo.

Recuerdo un caso, el asesinato de una mujer a manos de su novio. Ambos eran adictos al “caballo”. El periodista y yo subimos al segundo piso por unas estrechas escaleras. La puerta, entreabierta, estaba manchada de sangre. La vivienda tenía dos estancias, al entrar se apreciaba la sangre en formas de pisadas coaguladas en dirección a la salida. Al entrar al dormitorio sentimos una mezcla de asombro, asco y tristeza. La sangre estaba por todos lados. Un gran charco rojo sobre la cama e innumerables salpicaduras de sangre contrastaban violentamente con el blanco de sábanas, paredes y techo. Él la había apuñalado repetida y salvajemente con un cuchillo.

En estos días me he enterado por un amigo que su hermana ha sufrido una brutal paliza a manos de un ser despreciable. No se trata de su pareja o ex-pareja, tampoco es un desconocido. Aún peor, se trata de su propia sangre. El repugnante cobarde es otro de sus hermanos.


Una lista interminable de adjetivos describe a estos cabrones. Así que prefiero terminar con estas líneas de apoyo y cariño a todas las mujeres que padecen o han padecido la violencia de género.

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